Ha llegado el momento de quemar las naves aunque mi bidón ya no sea el mismo con el que soñaba Lisbeth Salander.
En Sueños de Orquesta comencé siendo personaje de Coixet; ahora como Galimatías a Sueldo aún soy personaje de Coixet pero también lo soy de Murakami, recién me lo contaron ayer.
Y no, no es del todo porque la persona de quien me enamoré sea diecisiete años mayor que yo y esté casada; más bien es porque soy como un Sputnik pequeño que se ha extraviado.
La chica Sputnik me contaba sobre una nueva novela pronta a publicarse, el tema central de ésta son los migrantes, mientras leía el borrador me contó: “me está gustando, aunque es muy fuerte todo, sobre todo la tristeza de abandonar lo que uno quiere”.
Partir siempre es morir un poco, hubiera dicho Benedetti al leer el mensaje de la chica Sputnik.
Abandonar lo que uno quiere. Hace algún tiempo escribí un texto (realmente no lo escribí, sólo me vino la idea) sobre un grupo de personas que se reunían con cierta periodicidad para conversar sobre aquello que habían abandonado, se autonombraban Apóstatas Anónimos.
Los integrantes de este grupo no tienen relación con los migrantes, éstos son unos valientes; los miembros de A.A. son sólo seres pusilánimes que dejan de lado aquello que mejor saben hacer (pintar, escribir, tocar el piano, hablar y varios infinitivos más) debido a que no consiguen hacer frente al guión para el que han sido elegidos y optan por reinterpretarse como extras en el guión de alguien más.
Pasé un par de días viviendo a lo S. Coppola en una habitación de hotel, la soledad voluntaria me vino bien. Llegué el jueves por la tarde y me perdí la celebración de las fiestas patrias por alargar mi siesta. El viernes programé mis horas libres para ver un par de pelis. La chica Sputnik llamó por la mañana y fuimos a la librería. El saldo de ella fue 1Q84 y el mío la colección de En busca del tiempo perdido y la Moleskine 2012. La chica Sputnik me regaló El gran arte de Rubem Fonseca.
Más tarde la velada corrió por mi cuenta y mientras esperaba por el primer largo del día, le envié a la chica Sputnik un mensaje de texto: “El orgasmo es un accidente”.